martes, 9 de agosto de 2016

Una Historia

Hace tanto tiempo que no lo veía, esa noche caminamos y charlamos por horas, nos reímos, bebimos, bailamos, nos abrazamos, pensamos en la posibilidad de un beso después de todos estos años lejos. Comenzó a llover y decidimos que era mejor regresar y evitar un resfriado.

Al llegar nos sentamos juntos frente a la chimenea y conversamos hasta que se hizo tarde, caminamos hacia la habitación para cambiarnos las ropas y dormir, una vez ahí, apagué la luz y en la oscuridad me quité la ropa mojada extendiéndola frente el calefactor. La claridad del farol allá afuera bastaba para que él pudiese ver mi silueta, la de una mujer que años atrás y con muchas menos curvas, tuvo muchísimas veces al frente, ese cuerpo que había conocido a la perfección y que en tantas oportunidades había amado en complicidad de la luna y del silencio de la noche y que a su vez ya no era el mismo.

Me puse la camiseta y me metí debajo de las mantas de mi cama.

Luego de un rato le oí decir un muy claro y suave “Te Amo”, pude sentir sus nervios y la sinceridad en su voz, recordé las tantas veces que mencionó que sólo lo diría el día que verdaderamente lo sintiera. “Siempre te amé”, atinó a decir después.

Sentí ganas de llorar y en silencio me levanté y fui a sentarme al borde de su cama, me sujetó la mano con fuerza y estuvimos así unos instantes, le acaricié los cabellos, que ahora eran muchos menos que antes. Me preguntó por el momento ideal, recuerdo que le dije que no preguntara porque el amor no hacía muchas preguntas, que si empezábamos a pensar el miedo venía con ello, el miedo al desprecio, a no ser aceptado, a no podernos perdonar, a quebrar el encanto. Es por eso, que hace años, cuando yo te confesé mi amor, lo hice sin pensar y preguntar demasiado y, aunque sabía desde hace mucho que te amaba, un buen día me atreví y te lo dije. Desde ese entonces he estado con otros hombres y, claro, me he vuelto a enamorar, pero tú fuiste el primer amor de mi vida, el primero a quien le entregué mi corazón y mi cuerpo, con la certeza que solo se tiene con el primer amor. Hoy estoy descubriendo de nuevo el amor que te tenía guardado desde que éramos unos adolescentes y aunque estoy nerviosa, se que tengo que correr el riesgo.

Él, entendiendo bien lo que decía, simplemente me acarició el rostro y me besó. Yo le cogí el cabello, le abracé con todas mis fuerzas, le besé pausadamente, le mordí los labios, sentí que su lengua se movía dentro de mi boca y yo perdía la respiración. Era un beso que había esperado mucho tiempo, que había nacido de una linda amistad y había muerto años atrás con un noviazgo; era un beso que quedó suspendido en el aire cuando nos separamos, que viajó por el mundo a través de la esperanza de encontrarnos con el amor, que vivió escondido detrás de pilas de libros de una carrera, de otros tantos amores. Un beso que se había perdido muchas veces y que ahora encontrábamos, un beso que creo nos resumió en silencio la vida, las alegrías, las penas, los sueños y los fracasos.

En cuestión de un instante que pareció diluirse en la eternidad me sacó la ropa y me penetró sin más lubricante que el amor, yo temblaba y me di cuenta que él también. Sentí ganas de llorar y reír al mismo tiempo. De que nunca más se fuese y que se quedara así mismo acariciándome y haciéndome suya una vez más como lo estaba haciendo. Estaba segura de que esto era real pero al mismo tiempo era como estar dentro de un sueño. Un sueño que se mezclaba con el sudor, el calor y los gemidos acompasados de ambos.

Nada de lo que sucedía era solo físico era mucho más que eso, yo no creía en Dios pero si en las energías y estaba seguro que esta noche podíamos incendiar la habitación sin necesidad de un cerillo. Nos hicimos el amor de tantas formas esa noche que nos encontramos con nuestro pasado, con las mil maneras en que nos amamos alguna vez y con las que nos quedaron pendientes, con la desesperación e inocencia con que nos descubrimos, la alegría con la que nos acompañamos y la desilusión con la que nos separamos.

Porque así fue, estábamos llenos de ilusiones, soñábamos con estar para siempre juntos, con  apaciguar el mundo que esperaba dejar de funcionar al revés, con formar un futuro donde poder cumplir nuestra misión de amar y ser felices. Pero ahora ambos habíamos crecido, éramos mucho más grandes, y las personas en las que nos habíamos convertido no tenían mucho más en común que la memoria física y la de nuestros corazones, pero nuestras elecciones, acciones y caminos se encontraban más lejos que nunca.


R.Lob


Creado: 23/11/2002

Editado: 09/08/2016 

sábado, 6 de agosto de 2016

Y volver volver volver...

Tengo mas de 11 años de haber creado y dejado este Blog (no saqué yo la cuenta, esto simplemente me lo ha dicho y hoy por accidente me lo he encontrado), era inmadura creo, pero escribía montones y sobretodo me atrevía a compartirlo. Un día me desanimé no se por qué (o eso creo) y dejé de escribir.


Han pasado años sin escribir con tanta frecuencia, años que probablemente he iniciado caminos, algunos finalizados otros desviados, años en los que he recomenzado muchas veces mi vida.



Ahora mismo me pasa que escribo con gran frecuencia durante mis viajes, entonces llevo "Bitácoras de Viaje", les cambio el nombre (quizá para hacerme la interesante y bohemia) pero al fin y al cabo no son más que diarios.



En fin, hace unos días, hablando con María (una amiga de esas que uno tiene solo cuando se atreve a cruzar fronteras) me recordó esta faceta mía y me animó a retomarla. Así que acá estoy aún con sus letras en los ojos diciéndome lo que ella creía de corazón que le podía dar otro sentido a mi vida en este momento.



No se muy bien de que irá este blog, pero me animaré a compartirles mis viejos escritos y, seguramente, les deje alguna vez un par de palabras nuevas. Entonces, María este renovado blog va para ti, para ti y para Juan, que sé que siempre está detrás de todas las cosas lindas de nuestras vidas.



Gracias!