Hace
tanto tiempo que no lo veía, esa noche caminamos y charlamos por horas, nos
reímos, bebimos, bailamos, nos abrazamos, pensamos en la posibilidad de un beso
después de todos estos años lejos. Comenzó a llover y decidimos que era mejor
regresar y evitar un resfriado.
Al llegar nos sentamos juntos frente a la chimenea y
conversamos hasta que se hizo tarde, caminamos hacia la habitación para
cambiarnos las ropas y dormir, una vez ahí, apagué la luz y en la oscuridad me
quité la ropa mojada extendiéndola frente el calefactor. La claridad del farol
allá afuera bastaba para que él pudiese ver mi silueta, la de una mujer que
años atrás y con muchas menos curvas, tuvo muchísimas veces al frente, ese
cuerpo que había conocido a la perfección y que en tantas oportunidades había
amado en complicidad de la luna y del silencio de la noche y que a su vez ya no
era el mismo.
Me puse la camiseta y me metí debajo de las mantas de mi
cama.
Luego de un rato le oí decir un muy claro y suave “Te Amo”,
pude sentir sus nervios y la sinceridad en su voz, recordé las tantas veces que
mencionó que sólo lo diría el día que verdaderamente lo sintiera. “Siempre te amé”, atinó a decir después.
Sentí ganas de llorar y en silencio me levanté y fui a
sentarme al borde de su cama, me sujetó la mano con fuerza y estuvimos así unos
instantes, le acaricié los cabellos, que ahora eran muchos menos que antes. Me
preguntó por el momento ideal, recuerdo que le dije que no preguntara porque el
amor no hacía muchas preguntas, que si empezábamos a pensar el miedo venía con
ello, el miedo al desprecio, a no ser aceptado, a no podernos perdonar, a
quebrar el encanto. Es por eso, que hace años, cuando yo te confesé mi amor, lo
hice sin pensar y preguntar demasiado y, aunque sabía desde hace mucho que te
amaba, un buen día me atreví y te lo dije. Desde ese entonces he estado con
otros hombres y, claro, me he vuelto a enamorar, pero tú fuiste el primer amor
de mi vida, el primero a quien le entregué mi corazón y mi cuerpo, con la
certeza que solo se tiene con el primer amor. Hoy estoy descubriendo de nuevo
el amor que te tenía guardado desde que éramos unos adolescentes y aunque estoy
nerviosa, se que tengo que correr el riesgo.
Él, entendiendo bien lo que decía, simplemente me
acarició el rostro y me besó. Yo le cogí el cabello, le abracé con todas mis
fuerzas, le besé pausadamente, le mordí los labios, sentí que su lengua se
movía dentro de mi boca y yo perdía la respiración. Era un beso que había
esperado mucho tiempo, que había nacido de una linda amistad y había muerto
años atrás con un noviazgo; era un beso que quedó suspendido en el aire cuando
nos separamos, que viajó por el mundo a través de la esperanza de encontrarnos
con el amor, que vivió escondido detrás de pilas de libros de una carrera, de
otros tantos amores. Un beso que se había perdido muchas veces y que ahora
encontrábamos, un beso que creo nos resumió en silencio la vida, las alegrías,
las penas, los sueños y los fracasos.
En cuestión de un instante que pareció diluirse en la
eternidad me sacó la ropa y me penetró sin más lubricante que el amor, yo
temblaba y me di cuenta que él también. Sentí ganas de llorar y reír al mismo
tiempo. De que nunca más se fuese y que se quedara así mismo acariciándome y haciéndome
suya una vez más como lo estaba haciendo. Estaba segura de que esto era real
pero al mismo tiempo era como estar dentro de un sueño. Un sueño que se
mezclaba con el sudor, el calor y los gemidos acompasados de ambos.
Nada de lo que sucedía era solo físico era mucho más que
eso, yo no creía en Dios pero si en las energías y estaba seguro que esta noche
podíamos incendiar la habitación sin necesidad de un cerillo. Nos hicimos el
amor de tantas formas esa noche que nos encontramos con nuestro pasado, con las
mil maneras en que nos amamos alguna vez y con las que nos quedaron pendientes,
con la desesperación e inocencia con que nos descubrimos, la alegría con la que
nos acompañamos y la desilusión con la que nos separamos.
Porque así fue, estábamos llenos de ilusiones, soñábamos con
estar para siempre juntos, con apaciguar
el mundo que esperaba dejar de funcionar al revés, con formar un futuro donde
poder cumplir nuestra misión de amar y ser felices. Pero ahora ambos habíamos
crecido, éramos mucho más grandes, y las personas en las que nos habíamos
convertido no tenían mucho más en común que la memoria física y la de nuestros
corazones, pero nuestras elecciones, acciones y caminos se encontraban más
lejos que nunca.
R.Lob
Creado: 23/11/2002
Editado: 09/08/2016