lunes, 13 de marzo de 2017

Confieso que he sido infiel

Confieso que he sido infiel.
Infiel a mi corazón, libre y apasionado,
lo he traicionado con horribles trenzas de resignación
después de haberle quebrado las alas.
Infiel a mis sonrisas,
obligando a mi alma a llorar casi a diario.

Infiel a mi cuerpo,
con la carga del peso,
el de la grasa,
el de las cosas insoportables,
el del cansancio,
el del placer que espera.
Infiel a mis pensamientos,
que no tienen chance ahora de enriquecerse
y mucho menos de compartirse.

Infiel a mis gritos,
ahorcándolos al callar,
al dejar a un lado lo que siento,
lo que pelea por salir,
llorando bajito,
y que no suenen los pedazos que se rompen.

Confieso que he sido infiel a mi vida haciéndola esperar…
Una desgraciada y estúpida infiel conmigo misma.

Creado: 06.2011

miércoles, 15 de febrero de 2017

Perdida en Caracas


He vivido en Barquisimeto desde que tengo uso de razón. Sin embargo, mis padres, oriundos de Santiago de Cali, Colombia, antes de llegar a esta tranquila ciudad vivieron largo tiempo en Caracas, la llamada “Ciudad de los techos rojos”, la “Sultana del Ávila”. Una ciudad maravillosa por la fuerza altanera e irreverente con que se construye sobre la tranquilidad ya casi inexistente de su pasado. Cuesta imaginar a Caracas entre faldones de damas antañonas en pleno siglo XVI, pero no es difícil suponer el momento en que con carácter decidió dejar de ser “monte y culebra” y comenzó a alzarse entre plazas y paseos tranquilos, en grandes casas burguesas e imponentes edificios como Parque Central o las Torres del Silencio, y un sinfín de autopistas y avenidas que van y vienen como serpientes de concreto.

Mis estadías en Caracas generalmente consisten de varios días entusiastas, que convierten mis regresos a Barquisimeto en la cosa más triste del mundo. A excepción de la última visita, en la que me vi envuelta dentro de una insoportable odisea desde Terrazas del Ávila hasta la Bandera, del extremo Este al Sur de la ciudad. Me bajé 2 veces en estaciones equivocadas y perdí tiempo increíblemente. “Estrés, caos y confusión”, eso decía el letrerito de mi frente. ¿Qué carrizo me pasaba? En pleno casco histórico de la ciudad, preguntando por “el terminal” llegué a Nuevo Circo! Nada que ver, seguía perdida. Entonces supe, en medio del barullo de transportistas, que estaba corriendo con una suerte tremenda, porque no es secreto para nadie que vivir en Caracas es una aventura de cara a la delincuencia, donde si logras llegar vivo a casa y con todas tus posesiones intactas, entonces le has ganado un día al hampa –y en este caso, un día bien ganado porque salí sin ningún rasguño luego de surcar la ciudad entera con un maletín pesadísimo en el hombro y un signo de interrogación inmenso en la cara–. ¿Qué hice entonces? sencillo, me tomé un respiro: compré una malta y una bolsita de maíz para picar, me subí a una “camionetica” donde el colector gritaba compulsivamente: “LAANDERA, LAANDERA, LAANDERAAAA” y después de unos 30 minutos de calor y vueltas por Caracas, 6 horas en un autobús de mala muerte y toda clase de vendedores ambulantes, llegué a mi destino final.

Días después, me sobrepuse a la tremenda hazaña, y recordé vagamente la estructura del terminal de Nuevo Circo y los trabajos de reconstrucción de la vetusta Plaza de Toros, que pasaron a segundo plano cuando por unos minutos quedé parada en medio de la Avenida Bolívar, mirando absorta hacia mi derecha la imponente imagen del "Centro Simón Bolívar", compuesto por un inconcluso Palacio de Justicia que pretende tapar unas escandalosas "Torres del Silencio" (que al ser tan imponentes no son silenciosas nada), y esconder los brazos gigantes de un distribuidor que rodea la solitaria galería peatonal con el corazón emergiendo en forma de estatua del Libertador.

Cierro los ojos y pienso cuanta falta me hace volver a respirar la Capital, llenarme de su caos, su smog y sus inesperadas sorpresas. Y es que, siendo sinceros, ¿Quién no ha estado enamorado de Caracas aunque sea un ratico?

Roselyn López Barona

Creado: 07/04/2009
Concurso "I Rally Metropolitano de Escritores - Déjate leer por Caracas"

jueves, 19 de enero de 2017

2 meses sin Antoine

Las palabras se atascaron, no sé cuánto pudiese llegar a tardar para escribir lo que siento, hace mucho que no sale nada, que me volví muda de letras, que los dedos se pegan al teclado sin moverse a escribir una sola línea, nada, ni una puta línea, no sale. Quizá con un poco de esfuerzo gastaría una semana o dos en describir este cúmulo de sensaciones que diariamente cambian.

Para comenzar, como dicen, desde el principio, diría que Antoine era el aire, se ciñó a mi vida sin permiso de nadie, bueno, a mí me pidió permiso y aunque nunca le di oficialmente entrada libre él igual pasó, tomó asiento y se puso cómodo. Le daba igual, no aceptaba negativas de nadie, era necio y caprichoso, pero sobretodo muy hábil, hacía creer que bailaba a tu ritmo y en el menor despiste eras tú el que empezabas a mover los pies y las caderas de una forma que solo él conocía.

Antoine le daba un fondo a todo, pintaba las habitaciones de colores y las llenaba de música, usaba las palabras exactas en el momento adecuado, dibujaba sueños y construía casas con papel celofán. Hacía cosas practicas pero con mucho contenido y quizá lo más peligroso es que sabía perfectamente cuanto tiempo esperar para obtener lo que deseaba en el primer intento. Sabía cómo desaparecer para ser lo suficientemente extrañado y agradablemente recibido al regresar, se especializaba en conocer a su compañero para dar en el punto débil en el instante justo, mover las piezas sin objeción de nadie y finalmente ganar.

Todo eso lo conjugaba en su inigualable manera de hacer el amor: Antoine nunca se medía cuando algo le provocaba, sin embargo, no conocía cuando merecía tirarse a esperar y cuando debía actuar y ofrecer, sabía perfectamente donde colocar sus manos y en qué sentido moverlas, en donde enterrar su nariz y en qué sitio clavar su boca.

Pero Antoine no sabía pedir ni asumir responsabilidades, no podía escuchar ni tocar dentro de sí mismo porque era cobarde. Antoine era pura magia exterior sin ninguna sustancia adentro, lo llenaba todo de un perfume de mucho alcohol y poca esencia, era tan celoso con lo suyo que se volvía irremediablemente egoísta y posesivo, era por demás mentiroso, cuando el principal juzgador de la mentira era él mismo, Antoine podía ser hallado in fraganti y sin ningún escrúpulo sostenía su mentira hasta el final, hasta prácticamente convencer a los demás de que lo que decía era cierto.

Mientras Antoine estuvo a mi lado nunca sentí la necesidad de mirar a otros lados, Antoine llenaba mi vida de tal manera que lo que no lo contenía se veía borroso y no me interesaba ponerme lentes para mejorar la visión, nos atrevimos a construir sueños encima de la cama, casitas en las nubes y a fantasear con dos hijos morenos de ojitos claros volviéndonos locos de amor y llenándonos de sonrisas la vida. Yo simplemente lo tenía todo.

Pero cuando la historia acabó solo quedó vacío, Antoine se llevó todo como los huracanes, la humedad llenó de agua la brújula de nuestras vidas y la ventisca se encargó de tumbar las cosas de la cama, las nubes se cargaron de agua y la casita se nos fue al suelo, y ni hablar de la fantasía de amores y alegrías paternas, los niñitos empezaron a correr hacia otras direcciones. Nunca vi para donde se fueron.

Antoine me partió en dos, me hizo añicos el corazón y me sacó el amor que llevaba dentro a golpes. En ocasiones desearía gritárselo hasta que se me agotasen las palabras y no me saliera más la voz, me gustaría que mis palabras se le clavasen en los oídos y le quemaran los ojos. Que sintiera mí mismo dolor y que luego, tomándome entre sus brazos, me dijera que se muere sin mí, que no sabe qué hacer con tanta ausencia, que respirar es imposible porque ahora el aire no lleva mi aroma, que desearía remediar las cosas para dejar de sentir que se le desgarra el pecho con tanto dolor y tanta rabia consigo mismo. Sueño con que acepta sus mentiras y me entrega sus verdades -las de verdad, esas que ni él mismo conoce-. Y que justo después me arranque la ropa a tirones y me haga el amor con desesperación sabiendo que no podrá volver a tenerme nunca más porque me ha perdido para siempre.

No dejo de reprocharme haber confiado en él. Efraím Medina dice: “cuando confías en alguien despiertas su diablillo trasgresor. Confiar es sucio, es decirle al otro: no puedes traicionarme porque moriré”. Estoy segura que Antoine se dio cuenta de que me mataba.

De mi parte aún queda amor por sacar, que si el amor fuese comida, diría que aquel hombre me hizo bulímica - anoréxica, nos dimos tanto amor en tan corto tiempo que ahora solo queda vomitar compulsivamente hasta aliviar la llenura asquerosa, sin importar la sensación de amargo en la boca y en la garganta para finalmente contener con fuerza la tentación de volver a llenar cada vez que sale amor a ríos del corazón y se retuerce el estómago vacío.

Hoy, soltar todo lo que nos entregamos en algún momento ha sido sumamente duro y extenuante, lo único que no sabíamos era que al dar al otro lo mejor de cada uno, dábamos al mismo tiempo lo peor que teníamos dentro: los vacíos en el alma y en el corazón, los incontables pensamientos que nos han atravesado la cabeza, los sufrimientos y las ganas de morir a las que sobrevivimos, los miedos a ser lastimados mezclados con las ganas desesperadas por amar y ser amados.

En todo este tiempo siempre he buscado en mis amigos la fuerza que me hace falta para dejarle ir, porque estoy segura que aunque le perdone por lo que hizo, jamás podré volver a dormir tranquila a su lado después de todo esto. No puedo mentir diciendo que lo he olvidado para siempre, no, porque Antoine se me clavó como arpones en la piel y sinceramente no se en que momento lo hizo, yo solamente le pedí que me diera su amor, tomara mi cuerpo y cuidara de mí, entendió la segunda petición mucho mejor que las otras y entonces las descuidó y más adelante también olvidó la misma en la que se enfocaba.

Admito que no me sirvieron los amigos, ni las ocupaciones, ni las drogas, ni otros hombres, pues a dos meses sin él yo aún me hallo perdida en Antoine, en el recuerdo de sus manos, sus brazos, su sexo y el olor de su piel, de esa lengua desesperada que buscaba la mía y esa nariz que se enterraba en mi piel a sacarme el aire del alma y las lágrimas de los ojos, embriagándome de un torrente de sentimientos que un día me hacían amarle, al siguiente odiarle y al minuto extrañarle, que me lanzaban en un segundo al vacío para luego hacerme volar de vuelta, y que hoy, sin tenerlo conmigo, su ausencia, esa en la que nunca parte, me hace experimentar las mismas sensaciones.

Es cierto que aún le recuerdo ensordecidamente porque a pesar de todo jamás lo he dejado ir, pero guardo silencio porque no me atrevo a ser lastimada una vez más. Es cierto que si vuelvo a saltar la buhardilla que hoy nos separa me quemaré las manos y me haré cicatrices más profundas que la vez primera. Lo más cierto es que lo que haga o deje de hacer es mi cuestión, que el haberlo amado fue mi decisión y que si él no lo hizo es su asunto, yo no sé ni que creer, quizá él tampoco lo sepa, lo único que sé es que, por lo menos a mí, me faltó amor por recibir y me quedé con amor servido en las manos para entregar.


Rosse López Barona
Creado: 04.09.2008

martes, 10 de enero de 2017

Lágrimas Secas

Que si la tristeza se pega como la gripe.
Que si en el pecho se sienten cosas que no se pueden explicar,
(y se trenzan nudos).
Que creo querer llorar pero las lágrimas no encuentran salida.
Que cinco personas juntas pueden no tocarse y sentir lo mismo.
Que no se tocan porque huelen la tristeza.
Que adentro grito y lloro y afuera se dibuja una sonrisa
(automática).
Que tengo el corazón estrujado contra las costillas
(y no encuentro un por qué).
Que no tengo razones, pero luego son demasiadas.
Que no hay quien entienda esta situación,
(o a lo mejor sí, pero ¿acaso importa?).
Que hoy necesito estar sola pero,
(por favor)
mañana no me abandones.

Rose López Barona
Creado: 07.08.2007

jueves, 5 de enero de 2017

Mientras Camino a Casa

Siete de la tarde en Barquisimeto,
salgo del trabajo,
camino hacia la parada del autobús
y siento el dolor de mis pies cansados de la jornada.

Tomo un carrito por puesto
y sin querer me encuentro disfrutando la sensación del viento en mi rostro,
que mueve mi cabello y me hace respirar tranquila,
cierro los ojos y siento el aire
de los atardeceres en mi ciudad...
fresco y suave.

Se me despierta la musa,
llego a mi destino
y mientras camino escribo presurosa en un trozo de papel...
mientras camino a casa.


Rossê Lob
20.07.2007

domingo, 1 de enero de 2017

De Roles Sexo-ciales

Asistí a una conferencia de sexualidad recientemente, de donde como era de esperarse, salí con la cabeza hecha una bomba. La ponente habló de cosas que ya había escuchado, por otros e incluso por ella misma en una oportunidad anterior, se habló de las últimamente revolucionadas Teorías de Género, de la sexualidad desde distintos enfoques, del rol de ambos géneros en la sociedad actual y en las décadas pasadas –que si las abuelas se casaban a los doce años de edad con un “partidazo” de treinta y dos, que si ahora eso se considera precoz e ilegal, que si no es lo mismo ser una mujer venezolana que una uruguaya, y así–. Pero, aquello que me llama a sobremanera la atención, y que me hace escribir esto, es el asunto de los roles familiares, lo que pasa dentro de nuestras casas, fuera de ellas y cómo entendemos en nuestras cabecitas qué deben ser las cosas.

H. Fernández, la ponente, habló de una sociedad Patriarcal donde según el concepto, señores y señoras, es el “varón” el centro de la sociedad y quien tiene el dominio total. Supuestamente la cuestión era así de estrecha y cerrada hace unos cuantos años atrás, el hombre era el jefe de la familia, el que trabajaba, mantenía, protegía y sostenía a Su familia y a Su mujer, y nada de esto se discutía.

Actualmente, esto ha ido cambiando un poco, ¿a qué me refiero? pues a que ahora es común que tanto el hombre como la mujer sean partícipes de todos los derechos y  deberes de formar un hogar, esto no tiene nombre específico sino que se lo conoce como sociedad Moderna, entendiendo la dinámica más o menos así como que los dos trabajamos y aportamos, nos distribuimos las tareas, o sea, si yo limpio tu cocinas y en cada actividad nos podemos ayudar, ambos estamos pendientes de los chamos, de pasear a los animales, de hacer el mercado, de turnarnos el auto, etc, etc, etc.

Pero, supongamos que llegase a pasar que el hombre pierde su trabajito y es la mujer la única que aporta platica pa’ la casa, entendiéndose entonces que ahora es ella el centro sustentador de la familia y, siendo así, pasa a ser el sostén de su círculo familiar principal. Entonces, lo que antes mencionábamos como patriarcado, ¿debería ser ahora matriarcado?, pues les cuento que ¡no!, pasa a ser un sistema social Matricentrado, que es así como una siguiente clasificación dentro de todo este poco de cosas de la que venimos hablamos (establecidas seguramente por un hombre o muchos de ellos reunidos).

Y, esto no termina acá, les cuento que esta sociedad no es más que el número que da como resultado de sumarle tareas a una señora que, a pesar de que es la que lleva y le da de comer y vivir a todo el mundo en Su casa, cuando se le pregunta quién es el jefe de la familia ella se resta y contesta segurita: “mi esposo” y esa casa suya vuelve a ser enterita de su marido, incluyéndose ella misma también.

- ¿Eh?, ¿cómo es la cosa entonces, usted es la única que trabaja y aporta en casa y dice que el jefe de familia es su esposo?

- Sí, -contesta hinchando el pecho- así mismito. Sonríe satisfecha y se va a trabajar.


Roselyn López Barona
Creado: 21.03.2007
Editado: 01.01.2017

jueves, 29 de diciembre de 2016

Entre tantos Cielos Grises

Como se debe sentir un cielo gris y absolutamente nublado,
así me siento, así me veo.
Con una carga inmensa de agua que no se le antoja salir,
que hace que las nubes se muevan lento por culpa del peso.

Que hace que los pájaros vuelen solos y tristes
sobre ese poquitito de gente que mira el cielo en silencio,
y no sabe que hacer con la inmensa cantidad de agua
que no encuentra por donde brotar.

Entonces se van los pájaros y al rato vuelven,
cansados del sonido descolorido del aire,
revolotean para alegrarse con sus propios ruidos,
que de repente se parecen al revolotear de los sentimientos
en el pecho de ese bultito de gente.

A mi ese aire incoloro me recuerda nuestros momentos en silencio,
me devuelve a la vida tus inconfundibles e inolvidables ojos tristes,
tus constantes palabras de amor
y la seguridad de caminar a tu lado.


Rose López Barona
28/11/2006