Siete de la
tarde en Barquisimeto,
salgo del
trabajo,
camino hacia la
parada del autobús
y siento el
dolor de mis pies cansados de la jornada.
Tomo un carrito por puesto
y sin querer me encuentro
disfrutando la sensación del viento en mi rostro,
que mueve mi cabello y me hace
respirar tranquila,
cierro los ojos y siento el aire
de los atardeceres en mi
ciudad...
fresco y suave.
Se me despierta
la musa,
llego a mi
destino
y mientras
camino escribo presurosa en un trozo de papel...
mientras camino
a casa.
Rossê Lob
20.07.2007
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