jueves, 15 de diciembre de 2016

Como el Café y el Chocolate

El chocolate hace que el café sea menos amargo, le brinda la dulzura que ninguna otra azúcar le puede dar, le hace sentir distinto y vulnerable.

Mientras están mezclados no existe nada mejor que la fuerza de sus aromas y el feliz descaro con que presumen de ello.

Y, aunque provengan de granos distintos pero muy parecidos no les será posible estar juntos, porque ambos desean experimentar el placer de mezclarse con otros sabores, con el azúcar, la leche, la crema, la canela, el licor.

Si nuestra única opción fuese beber café y chocolate, el aburrimiento sería terriblemente inevitable.

Y aunque sea maravilloso estar juntos, ni el café ni el chocolate serían capaces de absorber del otro la maravilla de su vida.

Prefieren permitirse ser libres de mezclarse y disfrutar infinitamente el placer de volver a estar juntos.

Como el café y el chocolate, así somos, y no podría definir quién de los dos es el Café y quién el Chocolate.


No es el sitio, ni el con qué, es nuestra mezcla,
es el nosotros, que sin importar nada, existimos, somos.
Libres de señalamientos y culpabilidades,
sumamente parecidos y extremadamente distintos.
Como el Café y el Chocolate.
Así nos definiría.


R.L.B. - 29.07.2006

Editado: 15.12.2016

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